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Prefacio

Este blog es un almacén de entradas publicadas en mis blogs anteriores. Están colocadas sin orden cronológico ni relación entre ellas. La fecha de la primera publicación de muchas es anterior a la que aparece.

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29 de abril de 2016

Batiburrillo


Aunque hoy comienza la "Golden week", Mika y yo hemos decidido no salir a ningún sitio y quedarnos en casa todo el día para descansar un poco y hacer algunas labores domésticas que teníamos por ahí pendientes. Entre otras cosas, yo voy a aprovechar para poner en el blog el resto de las fotos presentables de los dos últimos carretes. Un verdadero batiburrillo de temas y lugares que os comento con más detalle en los pies de foto. 




Una vista de Kobe. Los árboles del segundo término son ciruelos en flor; así que debí hacer esta foto a finales de febrero; que es cuando florecen los "ume" en Japón.

 Kobe.

Sakura 2015 en Osaka.

El monte Katsuragi sobre el valle de Gose en Nara.

Casa típica de Okinawa.

No recuerdo donde hice esta foto de un humilladero repleto de Ojizosamas.
En Colmenar viejo; el día que regresé a España después de cuatro años en Japón.

Un cardo borriquero en Colmenar.
Plantas de Gordolobo en Colmenar.

Plantas de Gordolobo y a su lado la sombra de la que soy propietario desde hace cincuenta y cuatro años.
Paisaje en las afueras de Colmenar viejo.
Sepúlveda.
 Desde niño tenía ganas de ir a conocer este pueblo de Segovia y por fin en este viaje, a última hora, decidí pegar un volantazo y desviarme para quitar el sincio.
Aquel día hacía un calor terrible y no salían ni las lagartijas, así que en la calle no había un alma, salvo un hombre que pintaba un óleo del pueblo refugiado bajo una sombrilla y yo. Al acercarme descubrí que aquel héroe era Lozano, el pintor de Torrelavega. ¡Qué alegría me dio verle!.
Allí charlamos un buen rato (sobre todo él) antes de despedirnos y regresar, él a su pintura extrema y yo a mis aventuras.

Una fuente de Sepúlveda.
Siempre me han gustado mucho estas pequeñas fuentes para beber y refrescarte que hay en todos los pueblos españoles, las cuales tienen un pequeño grifo de latón que puedes abrir y cerrar a tu antojo. Todo lo contrario que esas otras, presuntamente decorativas,  cuyo chorro imparable no tiene otra función que martillear el agua para que produzca ese soniquete monótono y continuo que la mayor parte de la gente considera tan agradable y relajante, pero que a mí me pone los nervios de punta. No se, tal vez por esa aversión que le he ido cogiendo a las cosas superfluas; y no hay nada más superfluo que una fuente de la que no se puede beber. Ya se que no está bien tener estas manías tan raras, pero creo que ya va siendo hora de poner las cartas boca arriba ¡diantre!. Además esta opinión la hago extensiva, tanto a aquellas fuentes de mármol u hormigón (según presupuesto) decoradas profusamente con querubines, motivos florales y demás adornos; como a esas otras más modernas diseñadas por el arquitecto más audaz del lugar. No hago distinciones. 

Un palomar cerca de Sepúlveda.
No tengo nada en contra de los palomares de Castilla. Al contrario. A mi padre le entusiasman, por tanto a mí también.

En el viaje de Madrid a Cantabria me desvíe varias veces de la ruta y estuve en muchos pueblos que aun no conocía; pero no recuerdo el nombre de ninguno de ellos. Siempre he sido muy malo para eso.  Como este de la foto que tiene todo el carácter luminoso, inconfundiblemente austero y puro de las aldeas castellanas.

No se donde hice esta foto de mi flor totémica; la zanahoria silvestre.

Unos cuantos bichos libando néctar, libre y gratuitamente, en unas flores de zanahoria.

La playa de Cóbreces con las huellas del tractor que no me dejó estudiar japonés aquel día de junio de 2015.

Y por último un servidor posando sin mucho garbo en no se que pueblo de Valderredible donde tampoco había estado nunca antes.
La fotografía la hizo mi padre; un señor llamado Julio Sanz Sáiz, y eso son palabras mayores compañeros.

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Y esto es todo por hoy desde Osaka. 
Besos y abrazos a discrección.
Hasta pronto.